miércoles, 17 de agosto de 2011

Más sobre fumigaciones aéreas y procesionaria

Nuestro artículo publicado recientemente en Forest Ecology and Management sobre la inutilidad de las fumigaciones aéreas para el control de la procesionaria ha suscitado algunas críticas. La principal crítica (reiterada por el revisor de otro artículo que tenemos actualmente en revisión en Climatic Change utilizando esta misma base de datos) se refiere al hecho de que nuestro artículo sólo se refiere a rodales que sufren un grado de infestación de procesionaria alta (nivel 3 o superior sobre una escala de 5). En estos casos es lógico pensar que la plaga ya está al borde del colapso poblacional y, que por tanto, los rodales fumigados van a tener una respuesta similar a los no fumigados: esto es, un colapso da las poblaciones de procesionaria al siguiente año (se puede encontrar una explicación más detallada en esta otra entrada). Sin embargo, puede haber rodales que tengan un grado de infestación medio (por ejemplo 2) y que también sean fumigados. Se podría pensar que en estos rodales la respuesta no es la misma, y que mientras que en los fumigados se rompería el ciclo poblacional, los no fumigados tendrían más probabilidades de sufrir una superpoblación al siguiente año.

Explicaré a continuación qué parte de esta crítica tiene sustento y qué parte no la tiene. Cuando comenzamos este trabajo, tomamos la información de la Consejería de Medio Ambiente de la Junta de Andalucía. En las propias directrices de actuación de la Junta se establecía que sólo los rodales con un nivel de infestación de 3 o más son tratados, mientras que los que sufrían un nivel 2 sólo eran tratados si estaban próximos a un rodal con un grado de infestación de 3 o más. Esta información está disponible en el siguiente enlace (ver páginas 58 a 64). Como esta era información oficial, la dimos por válida sin cuestionarla. Más tarde, cuando surgieron las críticas, procedimos a verificar que, efectivamente, se fumigaban mayoritariamente rodales con un grado de infestación de 3 o más. La siguiente tabla muestra, para el período 2002-2005 (que es aquel para el que disponemos de la información más completa), el número de rodales fumigados (Trat.) y sin fumigar.



>=3


2


1


0


Total



Trat.

Sin

Trat.

Sin

Trat.

Sin

Trat.

Sin

Trat.

Sin

2002

47

271

23

414

44

985

29

1550

149

4240

2003

29

371

30

629

38

1074

36

1404

135

4254

2004

29

409

22

482

23

1010

39

1666

118

4271

2005

34

184

16

361

28

919

31

2132

111

4278

A partir de estos valores podemos calcular la odds ratio de la prevalencia de rodales tratados frente a no tratados para cada año entre las categorías de daño 3 o más y el resto. Para ello, haríamos el siguiente cálculo (como ejemplo tomaremos las categorías 3 o más y 2):

A = Rodales daño >= 3 Trat. / Rodales daño >= 3 Sin

B = Rodales daño = 2 Trat. / Rodales daño = 2 Sin

Odds ratio = A / B


Un valor positivo de la odds ratio indicaría que la presencia de tratamientos en rodales con un nivel daño de 3 o más ocurre con ese valor más frecuentemente que en rodales con un nivel de daño de 2. Por ejemplo, una odds ratio de 5 indicaría que los rodales con daño 3 o más se tratan 5 veces más frecuentemente que los rodales con daño 2. Hacemos estos cálculos comparando el nivel de daño de 3 o más con el resto. Los resultados se muestran a continuación.


OR >=3 / 2

OR >=3 / 1

OR >=3 / 0

2002

3.12

3.88

9.26

2003

1.63

2.21

3.04

2004

1.55

3.11

3.03

2005

4.17

6.06

12.71


De todo esto se deduce lo siguiente. Primero, no todos los rodales que sufren un nivel de daño alto son tratados, como decíamos en nuestro trabajo. Sólo un porcentaje relativamente pequeño como vemos en la primera tabla. Esto es tranquilizador en parte, porque como hemos demostrado en nuestro trabajo, las fumigaciones producen exactamente los mismos resultados que el no hacer nada (la razón es que el propio insecto es controlado por la escasez de recursos alimenticios y el aumento de predadores y parasitoides). Segundo, es cierto que los rodales con un nivel de daño intenso son tratados con mayor frecuencia que los rodales que tienen un nivel de daño medio o incluso bajo, pero resulta curioso ver qué todavía hay muchos rodales con niveles de daño bajo que son tratados ¿qué criterios -más allá de la proximidad a rodales con un grado de infestación alto- utilizan los técnicos para decidir que estos rodales merecen ser tratados? Por último, alguien podría pensar que esto podría invalidar los resultados de nuestro trabajo, pero hemos repetido los análisis publicados en el artículo de Forest Ecology and Management, utilizando sólamente los rodales con un nivel de daño 2. Los resultados, que no muestro aquí por brevedad, muestran claramente que tampoco hay diferencias en la respuesta cuando comparamos rodales fumigados y no fumigados con un nivel de daño moderado. Por tanto, las conclusiones de nuestro estudio siguen siendo válidas.

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